jueves, 20 de octubre de 2016

Viajar sin los hijos...difícil, pero posible

Viajar sin los hijos, una experiencia que hay q hacer ( al menos ) una vez en la vida

Yo lo hice, con miedos y mucha culpa, pero lo hice y lo recomiendo. También viajar sola, sin marido e hijos. 
Peroooo… ¿Qué daiquiri estoy tomando?¿ El desayuno me pegó fuerte?
Todo aquel que me conoce sabe que soy de esas madres que se va una mañana y ya está extrañando su casa. Ni siquiera tengo un día fijo para salir con mis amigas. Los  jueves lo  tiene copado él con su fútbol y asado con los “padres waldorf”. Los viernes y sábados trabaja por las noches, así que estoy listísima. Para mi no existe mucha oportunidad de salir de casa sin mis hijos. Excepto por la media horita por mes que me voy a depilar, al curso de tapicería que voy cada tanto, o los ratitos que me escapo para ir a la verdulería porque no hay nada para comer y dejo a los niños con la chica que trabaja en casa. ( Vieron que antes se le decía mucama, parece que ahora suena re oligarca, entonces le decimos la Señora que trabaja en casa, largo pero más humano… ponele )
Hace unos meses cuando mi compañero en cuestión me planteó la idea de tomarnos unas vacaciones juntos SIN los chicos, pensé que era uno de esos chistes que él tira en el teatro, una burla a mi investidura de madre. Como se le ocurre decirme una cosa así, pensé para adentro. ¿Acaso no me conoce? ¿Ellos no se merecen unas vacaciones en familia? Desapegado y egoísta, mal padre. Somos un bloque, todos para uno y uno para todos…hasta para las vacaciones querido!!
Claro, recordé ( va nunca me olvidé) que el año pasado el señorito ya había viajado solo, una semanita a Nueva York, mientras  yo todavía daba la teta a demanda y me despertaba cinco veces por noche.
Pero bueno esta vez por lo menos me había incluido en sus planes. El destino de por si sonaba encantador. California, Costa Oeste de Estados Unidos, el destino perfecto para sacarse el mameluco de madre:  hippies, historia, cultura, rock, mucho sol, noches, playas,  tragos, marihuana medicinal free, todo sonaba hermoso y liberador.
Así que acepte haciéndome la canchera, la que estaba capacitada para enfrentar el mundo adulto otra vez. ..era la época en que había vuelto a cenar con amigas,  en que empecé a escribir mis desventuras y enojos en este blog, inclusive me convertí en  administradora de una grupo de whatsapp de mamis del jardín que se llamaba “ Los miércoles no me jodan”…si le puse ese nombre. Harta de no tener una noche libre para mi como les conté anteriormente.
Audaz, intrépida, muñeca brava… Error!!
Más bien una ilusa que se creyó lista para la aventura …
Nunca hubiese imaginado que  pocas semanas después estaría sentada en el inodoro mirando atónita como dos rayitas juntas cambiarían mi destino AGAIN.  Si embarazada por tercera vez!
Mi vida continuó como continúan los primeros tres de meses de embarazo, mucho sueño, náuseas, estupor, angustia y felicidad al mismo tiempo, con el cansancio que supone criar  dos hijos más por supuesto.
Hasta que se acercó la fecha de las vacaciones. Hellooo!!! Ya no era la que había salido del puerperio a punto de conseguirme un amante virtual.
Era una hembra preñada abandonando el nido, así de biológico y desgarrador. No quería viajar, por suerte estaba entrando al cuarto mes y los malestares habían desaparecido. Cómo pude tomar una decisión tan cruel pensaba. Tenía pesadillas tremendas, veía a mis hijos y lloraba, sentía toda la culpa del mundo por dejarlos. También me peleé con mi mamá “para que no viniera” a quedarse con los chicos. así de paso me boicoteaba el viaje y echaba la culpa a otro de no poder viajar.
Días previos al viaje consulté con una psicóloga, no voy a terapia, pero crazy total o no,  fui una semana antes de viajar, buscando no se que respuesta. Lloré la hora y media que duró la sesión…Ella más entera que yo, no me forjó a tomar un camino, pero si a escuchar lo que me pasaba. Estaba histérica, me peleé con el padre egoísta obvio…el causante de todos mis problemas, embarazosos y liberales…
Pero enfrenté mis miedos y pude viajar.
Con la decisión tomada compré regalos sorpresas para mis hijos por doquier, golosinas a rolete, fui a la farmacia, al supermercado mayorista y al mercado de frutas y verduras para que tengan  provisiones como para dos años ( por si me pasaba algo)  Dejé calendario con sus actividades y una lista de amigos y todas las guardias y médicos cercanos.
Así llegué al momento de dejar mi casa con valijas y sin mis hijos. La secuencia más oscura y dramática que había imaginado jamás. No pensaba que me estaba yendo de vacaciones a un lugar divino, de “novia” y  sin niños que me reclamen las 24 hs. del día. ¡Yo estaba dejando el hogar!
Las horas posteriores fueron el drama mismo, por suerte el que hasta ahora era el mal padre egoísta se fue transformando en aquel hombre del que me había enamorado ocho años atrás.  Me dijo las palabras justas camino al aeropuerto que calmaron toda mi  angustia. 
“Soy yo, el mismo con el que te escapabas ese verano a Mar del  Plata” . Solo eso basto para relajarme y empezar a disfrutar de nuestro primer viaje en pareja sin nuestros hijos.
Mi última lágrima la derrame cuando subí al avión, de fondo sonaba una música country bien melanco…Uf tremendo…Después de ahí el paisaje, todos los días de sol y el gran productor que tengo en casa ( léase mi compañero que le encanta planear viajes)  armaron las vacaciones soñadas, así de cliché como les cuento.
La panza igual le bajó puntos al asunto de la culpa.  “Un hijo al menos me llevaba encima”  
Loca si…
Resumen del mis días en California:
Me caminé la vida, anduve en bicicleta, me metí al mar, dormí las horas que quise,  no tuve que cocinar ni lavar platos durante 9 días, comí riquísimo! No me prive de nada…bueno si  de las 550 variedades de cervezas que hay en las góndolas yanquis. Eso si, lo lamenté, hasta foto le saqué... Con Diego fue todo amor y reencuentro. Nos divertimos mucho juntos como hacía tiempo no sucedía. Fue una gran babymoon como dicen en Estados Unidos. Mis hijos estuvieron genial, pasaron unas hermosas vacaciones con su abuela de Corrientes, fueron mimados y malcriados a más no poder, como debe ser.
 “Mamá la abuela es muy buena,  todos los días nos pone un poquitito poquito de tele” “ Hasta cenamos en el sillón mirando una peli!” ( Sin comentarios)
El viaje lo disfruté, pero también los extrañe horrores. Habíamos instalado una camarita en el living de casa para poder “espiarlos” un poco cuando queríamos ( no voy a  contarles la cantidad de veces que pedí mirar esa aplicación del teléfono donde se ve la camarita porque doy vergüenza) (Tampoco lo que  sufrí desde que subí al avión de regreso hasta que entré a mi casa; todas las tragedias se me cruzaban por la mente) Necesitaba llegar y llegué. Sana y salva. Hoy se cumple un mes de mi viaje, y la vida ha vuelto a la normalidad. Creo que fue más el tiempo en que me hice problemas en viajar, de lo que estuve allá. Por eso les digo, para terminar, háganle caso a Pipo Pescador  y grábenselo  “El viajar es un placer, que nos puede suceder”.


El dato:
Si van a San Francisco: NO lo hagan embarazada y con várices.  Es la anti ciudad de las mujeres preñadas. Dios! las cantidad de calles empinadas. Imposible!
Alquilar bicis tandem para que su pareja maneje adelante y la gorda  ( en mi caso) vaya atrás grabando la travesía y mirando muchachitos ultra bronceados.
Alquilar un auto y bajar por la ruta 1 desde San Francisco hasta Los Ángeles! La ruta más espectacular del mundo!

Y por supuesto como me dijo mi hermana hace unos días (que justamente vino de viaje sola a Buenos Aires): “Hacer uso de nuestra libertad como madres y mujeres que somos”…

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