martes, 21 de enero de 2025

EL UNIVERSO POÉTICO DE CECILIA VICUÑA


Fue Pablo Neruda quien en su discurso “Yo acuso”, en enero de 1948, levantó la voz diciendo: “En Chile no hay libertad de palabra, no se vive libre de temor. Centenares de hombres que luchan por que nuestra patria viva libre de miseria son perseguidos, maltratados, ofendidos y condenados”.

Cuenta la historia que días después de presentar su célebre declaración contra el gobierno de Gabriel Gonzalez Videla, el poeta se exilió emprendiendo una larga travesía por la Cordillera hacia Argentina. De nada sirvió la defensa del abogado y escritor Carlos Vicuña Fuentes (autor de La Tiranía en Chile, 1928), acusado posteriormente de opositor, antipatriota, comunista y anarquista. Era el tiempo de la Guerra Fría, de perseguidores y perseguidos, de azules y colorados, de muerte y su necesaria contracara: la vida. Ese mismo año, el 22 de julio, nacía la sobrina nieta de Vicuña, en el seno de una familia de voces disidentes, de artistas e intelectuales, una beba a la que llamaron Cecilia.  

Dicen que a partir de las dieciocho semanas de vida intrauterina ya podemos escuchar lo que sucede fuera de la panza de nuestra madre. Y que incluso si quisiéramos comprender la adultez, deberíamos ir a los primeros siete años de vida. Todo está ahí. 

Ese mapa, en gran parte borrado por la memoria, guarda relación sobre quienes somos y de dónde venimos. Un eco lejano llamado origen, que crece, se transforma y funda eso que llamamos identidad.  


Cecilia Vicuña Ramírez, es la artista poeta, artista visual y activista feminista chilena más premiada de los últimos años. Autora de más de treinta libros de arte y poesía, su obra escrita ha sido traducida a siete lenguas. En el año 2017, recibió el  Premio a la Trayectoria Pablo Neruda. En el año 2019 fue distinguida con el Premio Velázquez de Artes Plásticas en España. En abril de 2022 recibió el León de Oro a la trayectoria por parte de la 59ª Bienal de Arte de Venecia. En febrero de 2023 ingresó a la Academia de las Artes y las Letras de Estados Unidos, y ese mismo año recibió dos de los galardones más prestigiosos que otorga su país natal: el Premio Nacional de Artes Plásticas 2023, y la distinción Doctor Honoris Causa por la Universidad de Chile. 


Pero como sucede con la mayoría de las mujeres que incomodan –como las hormigas dirá ella más adelante–, el reconocimiento le llegó recién a sus casi 70 años, después de que presentara su Quipu Womb en el año 2017 en la Documenta 14 en Atenas. 

A partir de esa exposición, el mundo entero empezó a mirarla. 


Vicuña, que tiene ascendencia indígena, por línea materna, y vasco-irlandesa, por el lado paterno, se crió en La Florida, al sur de Santiago, cuando todavía era un campo con laguna y animales.

–Mi mamá dice que incluso antes de hablar bien yo decía “estoy pintando”, lo que hacía era una especie de escritura dibujada, es como si desde el principio yo hacía una unión del arte de la poesía y del ser, a partir de ese momento seguí haciendo las dos cosas: pintura y arte. Esa sensibilidad, ese modo de tratar la tierra, ese modo de conversar con los animales y con las plantas, lo aprendí de ella.  


Su madre –con la que guarda una estrecha relación y la acompaña en cada distinción–, se llama Norma Ramirez tiene 99 años, es escritora de oficio y vocación, vive en Chile y acaba de publicar su primer libro de poemas O perro o gato; fruto de las conversaciones que mantuvo en pandemia con su hija. 


–Crecí en una familia de artistas y escritores, eso era lo natural y lo lógico para mí. Un universo donde las mujeres tenían chacras y además tenían taller y hacían escultura o cantaban y algunas también escribían. Todo el mundo tenía una biblioteca, mi familia era muy tribal, eran seis tíos y tías, todos vivíamos en casitas de adobe contiguas unas con las otras, con bosques y lagos. Andando a pata pelada entre caminos de tierra. Los niños teníamos una vida propia; yo exploraba por mi cuenta y sacaba mis propias conclusiones. Además las bibliotecas tenían libros de hasta cinco idiomas, entonces crecí en un mundo absolutamente ancestral, internacional y cosmopolita a la vez. 

Cecilia Vicuña estudió Artes Plásticas en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile y ha dedicado su vida y carrera a la defensa de la Tierra, la mujer, la cosmovisión indígena y las luchas sociales. Su primera revelación sucedió en las playas de Concón en el año 1966,  “cuando sentí que el mar y la luz me sentían como yo las sentía a ella: eso me cambió la vida”. Otro hito que cambiaría su percepción, fue comprender que cada palabra era “como la creación de un Big Bang”:  “Entonces aprendí a entrar al universo interior de las palabras y desde ahí ver cómo las palabras son fecundas, creadoras  y destructoras”. 


La palabra es un hilo y el hilo es lenguaje.


La tejedora ve su fibra como la poeta su palabra.


El hilo siente la mano, como la palabra la lengua.


Hablar es hilar y el hilo teje el mundo.


(de “Palabra e Hilo”, 1996)


Vicuña habla como si cada palabra tejiera un poema, su voz es como un canto y por momentos pareciera estar hilvanando notas que componen una suave y bella melodía, otras veces varía la frecuencia y se torna más radical deconstruyendo el lenguaje: corta, divide y juega a armar palabras y versos nuevos,  definiciones que borran sus límites y se vuelven  armas –(palabr)armas– que iluminan, pequeños modos de generar conciencia de que lo que decimos, no puede no tener un impacto en el otro. Así nació Palabrarmás, después del Golpe militar en Chile, en 1973. 


–El golpe me hizo comprender que ese universo de las palabras era la única arma permitida para la humanidad y que la única forma de liberar a la humanidad era liberar nuestra conciencia del lenguaje, es decir la forma que tú me hablas a mí yo te hablo a ti. El trato y el maltrato que se expresa en ese milagro que se llaman las palabras. 


Mide 1,52 metros, lleva el pelo lacio y canoso hasta la cintura, y su sonrisa amplia y generosa, se dibuja en el rostro al expresar el universo que la habita. A simple vista parece que la niña nunca la ha abandonado, tampoco la joven ridiculizada sobreviviente del arte (cuando le preguntan sobre su pasado). Cecilia vivió durante años en la más absoluta pobreza, aplicando en becas y en la marginalidad de los artistas que trabajan al margen del establishment artístico; tejiendo redes amorosas entre artistas, poetas, activistas y curadores que sostuvieron los hilos que la artista supo tramar entre Londres, Bogotá, Argentina y Estados Unidos. 

–Yo escogí mi marginalidad, porque lo interesante desde el punto de vista de la persona que crea, es que tú para ser dueña de tu propio pensar, tienes que excluirte de la dominación de las ideas que están controlando el mundo. Es un acto supremo, de rebelión sentir tu propio ser, porque eso es lo que nadie quiere que tú hagas. A mí vivir en riesgo me constituyó por completo. 


El arquitecto y pintor chileno Nemesio Antúnez (1918- 1993) en un video subido a Youtube de su programa “Ojo con el arte”, una especie de primo hermano de los programas que Federico Klemm realizó en Buenos Aires en los 90, sin el glitter y la efervescencia de este último; recuerda la astucia de la artista en una anécdota de cuando la visitó en Londres en el año 1973, mientras estudiaba en el British Council, donde había sido becada. 


–La vida de Cecilia en Londres era precaria, por ejemplo ella consiguió que un restaurante de comida china que quedaba en la esquina de donde vivía, le dieran las sobras al terminar el día. Entonces ella invitaba después a comer a todos los del barrio. Éramos quince artistas comiendo de una gran olla de chop suey.  


El concepto de arte precario comenzó con las “basuritas” que recogía en la playa en su juventud, y que fue transformándolos en nuevos objetos cargados de significado. Fragmentos de memoria que solemos ignorar, el olvido de los distraídos y los indiferentes. La artista los rescata, los repara aunque su nueva apariencia resulte pasajera. Una especie de búsqueda infinita de creación que puede poseer un gran valor según quien lo mire. 

Si la vida empieza y se termina, lo humano es precario por definición, resalta Vicuña. 


En junio de 1971 llenó de hojas de árboles una sala del Museo Nacional de Bellas Artes de Santiago, en colaboración con Nemesio Antúnez, Claudio Bertoni, su madre, sus tías y amigos.

Un registro fotográfico de esa muestra con su texto mecanografiado pueden verse actualmente en el mismo Museo con la Exposición Asir la Vida, mujeres artistas en Chile 1965-1990, curada por la argentina Andrea Giunta. Además el registro fotográfico forma parte de la Colección del Museo. 

Para Cecilia esa pieza, que ella desconocía que se llamase arte conceptual, fue un acto de contribución al socialismo en Chile.



(Fragmento del Diario de Otoño)


DIARIO DE OTOÑO

Otoño 1969

Mi idea número uno fue preservar las hojas de los árboles, antes de que las barrieran o quemaran, no por un afán de eternización sino como un acto descabellado. Lo que más me gustó de mi idea fue la recolección misma de las hojas que resultó una ocupación en extremo agradable y contemplativa. La lentitud de los gestos de la recolección y la falta de euforia le daban su carácter central. 


Estar en la cabeza es lo más precioso que tiene el arte. Una persona que lo tiene nunca se puede sentir demasiado mal, "ve" en todas partes, percibe de otro modo y encuentra "obras" en todas partes, en los semáforos, en los dibujos del asfalto, en las manchas de las paredes y así ésta persona se sentirá constantemente impulsada a crear y sintiéndose parte de una energía mayor encontrará más gozo en todo lo que haga. políticamente ésa persona será más dada a crear y luchar por un mundo donde sus hermanas-hermanos gocen como ella. La pieza otoño quiere causar placer al público. El arte nació para jugar y aunque muchos se han olvidado está bueno que ahora se acuerden. 


Mujer provocadora, de un gran sentido del humor y una inteligencia que ilumina toda su obra; las primeras pinturas de Cecilia eran abstractas, sin embargo cambió su forma, cuando se dio cuenta que tenía mucho para decir y sentía que debía crear un arte para los seres despreciados como ella. Según la artista,  cuando los europeos llegaron a América, esclavizaron a los artistas indígenas, que eran en su inmensa mayoría abstractos y geométricos, y los convirtieron en pintores de virgenes. Esa revelación la llevó a tomar el pincel y pintar como lo hacían esos esclavos del siglo XVI.  De esta manera puede comprenderse pinturas reconocidas como “Janis Joe” (1971), que tiene el flower power de los 70, pero también el espíritu de los códices. El óleo sobre tela, perteneciente a la colección de Eduardo Costantini, se completa  con un texto de cinco páginas mecanografiado al costado del cuadro. En la explicación, Vicuña relata y retrata con absoluta honestidad el erotismo, el deseo hacia otras mujeres, la intimidad con su pareja el poeta Claudio Bertoni; cuestiona la represión que existe en torno a la homosexualidad, su “bienamada” Janis Joplin, su madre, los seres del surrealismo, los amigos, la Tribu No. Ella.  






FRAGMENTO DEL TEXTO DE “JANIS JOE” (1971)


Mi primer amor fue una mujer, a los 9 años.

He pintado ésta escena amorosa en un baño, porque me gustaría que me sucediera.

Considero un crimen que a uno lo hayan educado con la idea de que el cuerpo debe reprimirse, y uno no debe acariciar, ni ser acariaciado por personas del mismo sexo de uno, y en lo posible por ninguna.

Me parece muy mal.

De modo que supongo los menores nos vengaremos de nuestros padres y abuelos creando un mundo donde todos se encariñan con todos y la homosexualidad cundirá, como entre los animales y las plantas, y así como a mí no me parece mal, sino muy natural, a los otros igual les parecerá.

Junto al baño hay una marcha del movimiento de liberación femenina. Estas mujeres desean CAMBIAR DE VIDA.

quieren toda clase de liberaciones: políticas, sexuales, etc.

Ellas esperan que se termine el cristianismo, el capitalismo, el machismo, la explotación, las guerras, todo.

Quieren vivir en la poesía.


Cincuenta años después, la historia indica que Cecilia Vicuña ha logrado vivir de la poesía, como las mujeres que habitan sus cuadros. Sin embargo, algunos derechos se asemejan a los hilos de lana con los que trabaja: tensos en cada extremo, siempre al borde de la rotura. 


En mayo de 2023 presentó por primera vez su gran retrospectiva “Soñar el Agua, una retrospectiva del futuro (1964-...)", en colaboración con el Museo Nacional de Bellas Artes de Santiago, El Malba y la Pinacoteca de San Pablo. Con más de 200 obras entre pinturas, textos, serigrafías, collages, textiles, vídeos, fotografías, e instalaciones, libros-objeto, documentos y performances realizadas en distintos sitios de América y Europa, (algunos de ellos por primera vez en una sala de museo). 


En la exposición del Malba, un Quipu menstrual (La sangre de los glaciares), instalado desde el techo hasta el subsuelo, de fieltro rojo, daba la sensación de ingresar a una gran ceremonia ancestral mientras uno subía las escaleras mecánicas. Una vez arriba, el primer cuadro que inauguraba la exposición –nunca antes visto en esta parte del Continente–, era nada más y nada menos que La Muerte de Salvador Allende, el cuadro que Cecilia Vicuña pintó la noche que se enteró del Golpe militar de 1973. 






(Fragmento de La Muerte de Salvador Allende)

 

–La muerte de Salvador no me conmocionó, no me entró en el campo de la conciencia, me empezó a trabajar lenta y misteriosamente, cultivándose en mí como un germen, un microbio o una enfermedad. Ha empezado a doler varias horas después, cuando algo horrible se formó, como un desgarro. Un grito espeso y maloliente en el vientre, entonces tuve que empezar a pintar. Eran las 5 de la mañana, trabajé todo el amanecer y la mañana hasta las 3 de la tarde del 12 de septiembre.


No cabe duda que hay muertes que resuenan en nosotros como un dolor inadmisible, un duelo que sólo es posible de ser transitado si es alquimizado, un acto religioso que nada tiene ver con la Iglesia o los preceptos heredados, más bien con algo intrínseco del ser humano, algo que nos fue dado y que nace en la autoexpresión, en la escucha silenciosa, del sentir-pensar, de la individualidad. 

Cecilia Vicuña pinta esa mancha roja, una especie de manta raya de sangre que se va volando, y echa humo al mismo tiempo, con gotas de sangre que en su paso y movimiento –según la artista– convertirán a Chile en un gran desierto. 


Vuelve a mí aquella cita inicial en la que Pablo Neruda clamaba por la democracia y se me cruza en el medio de este texto, el documental de la BBC del año 1974, María Santiago –parte de la retrospectiva Soñar el Agua y disponible en Youtube ”–, donde se ve a una joven artista, de unos 25 años caminando por las calles de Londres. La cámara la sigue en su pequeño taller, frente a su máquina de escribir, rodeada de sus “basuritas”, sus pinturas,  mientras prepara un mate, hasta que su voz paraliza a cualquiera que habite esa sala cargada de historia cuando pronuncia: 


“De acuerdo a los generales, Chile es un país libre, 

pero eres libres siempre y cuando no veas

no sientas, no pienses, no analices los eventos históricos que están ocurriendo.

O sea, eres libre para pintar,o para escribir lo que sea que no tenga nada que ver con la historia o los acontecimientos sociales

Eso significa que puedes hacer cualquier cosa mientras no seas política, no sea pornográfica, no sea erótica.

Eso significa que no eres libre en absoluto.

Siempre he tenido la sensación de que si viviera en un mundo de justicia y en un mundo de armonía, la política no sería necesaria.

Pero de acuerdo con mi conciencia, con mi conciencia social, siempre entendí que al menos una parte de mí trabajo tenía que ser político. 

Solo porque es una cuestión de responsabilidad, es una cuestión humana. 

De amor, de compasión, de fraternidad. 

Así que tenía que hacerlo”. 


Cecilia Vicuña, vive en Nueva York desde 1980, uno podría pensar que contradice el sentido de toda su obra, sin embargo a decir por su recorrido, no debería tener que aclararlo cada vez que se lo preguntan. Pero ella lo hace, y lo hace con la misma serenidad y orgullo de sentirse mestiza y latinoamericana. Llegó a Manhattan invitada por una Universidad norteamericana a raíz de la censura que había sufrido una performance suya en Bogotá. Primero se alojó en casa de amigos, hasta que un conocido le propuso matrimonio para que no se vaya y se fue quedando sin pensarlo demasiado. Era el tiempo de los descastados del mundo, y Chile no era un lugar seguro para volver. 

–Vivo en Nueva York porque aquí pude vivir del arte y dejar de sobrevivir. Es un lugar que está lleno de gente como yo, la gente te reconoce y se forma una comunidad de seres flotantes, personas que sienten lo que tú eres. Y eso me ha pasado continuamente.


Medio siglo después de la dictadura, Vicuña cree que el régimen chileno arrasó con la cultura y la convirtió en una especie de idolatría capitalista que persiste hasta el presente. De hecho, ella es desconocida para gran parte de la sociedad. Si uno camina por las calles de Santiago y pregunta por su nombre, el adulto promedio inmediatamente repregunta por el ex de Pampita.


–En Chile existe lo que se llama el filisteísmo, una especie de desprecio por el arte, la inteligencia, la cultura y el conocimiento. Es una cultura en la que se valora el dinero y la fama, todo lo que no es nada, en cambio todo lo que sea creación, invención servicio a la humanidad no vale nada. Entonces obviamente una artista mujer que se dedica por ejemplo a las basuritas, o que se dedica a componer poemas que son de otros universos, de otros estados de conciencia, va a ser invisible, casi hormiga. Por definición todo lo que importa en este momento es invisible. Por eso nos estamos quedando sin agua, las minas valen más que el agua limpia. 



Su obra visual forma parte de las colecciones del Museo Solomon R. Guggenheim, de Nueva York, Museo de Arte Moderno (MoMA) de New York, Tate Modern, en Londres, Museum of Fine Arts de Boston, Pérez Art Museum Miami, Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA) y Museo Nacional de Bellas Artes, en Santiago de Chile, entre otros. 






martes, 24 de septiembre de 2024

El olfato no duda

Cuando buscamos preguntas, deberíamos preguntarle al olfato.

No al tacto o a la vista. Definitivamente hay que darle mayor importancia a lo que respiramos. Pero respirar no es oler, o sí, y es lo que viene después.

Todo fallaría un poco menos -claro que si quisieramos escucharlo- muchas veces percibimos con el sentido equivocado y caemos en errores fatales con tal de recibir unos mimitos en la espalda.

La razón es un misterio y hay aromas que evocan sonidos y sabores que recrean paisajes. Me hubiese gustado discernir en el pasado: separar la mente y acallarla. borrarle las malas palabras. Detener la resaca emocional en su avalancha de tropiezos.

Por suerte los días empiezan todos los días y ahora puedo velar por mis sentidos.

Ellos tienen poderes que no creo poseer, son más intuitivos, menos rebuscados que los pensamientos. Ellos no andan calculando nada. Saben lo que quieren. No dudan. Sólo saben. Pero, ¿saben por qué se pusieron grandes, o los saben desde el principio? El olfato es intrínseco a la corporalidad. ¿Quién viene primero de todo?

Conozco el olor a viejo, el olor estancado, el que se va muriendo y el que viene a oleadas para incomodarme. El olor que me anestesia y el que me enciende hasta la violencia. No los elijo, pero los identifico.

Ya entiendo cuando vienen a visitarme.

Entiendo sus respuestas. Porque también conozco a los otros. Los que liberan sonrisas y exhalaciones parecidas al suspiro, los que llegan y consiguen elevarme, los que se merecen que los trague, o que me los guarde para siempre en algún frasquito con tapita. A estos me resisto a soltarlos. No quiero que me dejen, aunque se hayan ido hace rato. Los sostengo como a una brasa, aunque sólo pueda oler a humo quemado. No sé porqué lo hago.

Se que vendrán otros septiembres, nuevos perfumes. Me lo dicen los azahares, las glicinas, y los jazmines que olí esta mañana.

sábado, 14 de septiembre de 2024

LOS MISTERIOS DEL AGUA

LOS MISTERIOS DEL AGUA 

Todo empezó en el mes de julio, cuando el agua empezó a revelarse ante mí de diferentes maneras, a lo largo y a lo ancho de mi casa. Desbordes a los que asistí con absoluto desamparo, pero también con el asombro de creer que me encontraba frente a designios ejecutados por alguien a quien no se puede alcanzar. Persigo sí, voy detrás de él, lo escurro de mi vista, pero es mucho más rápido que yo, y que cualquiera. 
Me pregunto si esa es su forma de gritar, si es una reacción. 
¿Por qué me mira desbordado, desencajado?
Hacé algo me dice o intuyo. No podes seguir así. 
Agua a la vista. 
Avanza.
Escupe. 
Gotea, duerme en el piso y corrompe hasta levantarse.
Más agua.
Aquí y allá
Viene de arriba, de abajo
Aparece y otras veces se va.

El primer día que lo ví, estaba bastante dormida, con los ojos entreabiertos y el peso de un cuerpo que todavía permanecía en la cama. En realidad primero lo sentí en los pies, generándome un odio profundo hacia la humanidad. No lo había visto, después sí y el charco era como esos arroyos por donde nadie pasa. Pensé que el dispenser agotado de los vaivenes humanos, construyó ese camino para descargarse. 
Qué mal humor pisar agua en medias un lunes por la mañana, la absoluta reivindicación de mi amargura, la señal menos esperada para comenzar una semana, augurio de la fatalidad y la mala suerte contagiosa. Tuve que llamar a los soderos, muchachos de simpatía veinteañera que me dejan dos bidones y dos sodas cada sábado, para pedirles que me cambiaran el aparato, les dije que funcionaba mal y hasta les mandé una foto en señal de asombro y espanto.







La segunda vez, fue al otro día que me cambiaron la heladerita. 
No era ella la que lloraba silenciosa.
El agua estaba otra ahí vez, pero bajaba al ras de una pared de la cocina justo en un vértice de mi casa donde se esconden detrás de una caja de madera, todos los caños que bajan del tanque de agua y pasan por una bomba que empuja el agua hacia el interior por otras arterias y conductos que no vemos.  Levanté cuidadosamente la caja, y vi como desde adentro de la pared bordeando el caño verde, el agua caía como esas lágrimas de virgen de yeso que alguna vez ví por la tele. Descendía silenciosa y transparente, brillante, parecía inofensiva; pero recordé la humedad en mis pies y el charco en el piso,  e inmediatamente los pensamientos apocalípticos me devolvieron paredes rotas,  martillazos al galope de plomeros, soluciones millonarias y barro, mucho barro por todos lados. Las casas en problemas parecen esos derrumbes emocionales donde todo se ve negro y confuso y nadie se imagina un futuro mejor. Pero tomé coraje, suspiré hasta el último aire y le escribí al plomero. 
Mis pensamientos destructivos tenían razón, había que romper todo para encontrar el problema, pero no sería aquel día. Sino cuándo ellos podían, una semana después. Deberían ponerse de moda las guardias de plomeros a domicilio, un 0800 Plomerosya o algo parecido. Sin embargo,  esta vez no hizo falta, al otro día el agua cesó su llanto. Ahora entendía menos que antes, nada había hecho yo para cambiar el rumbo de las cosas: no había cortado ninguna canilla, no se había cortado la luz que activa la bomba; pero el agua, ese día se había tomado un descanso, no había charco, ni lágrimas sueltas, la pared estaba seca. Ningún rastro de pérdida. Me sentía en una escena de película, como cuando la protagonista enumera las incontables veces que vió al malo, pero nadie le cree. Así que llamé otra vez al plomero contándole lo sucedido.
Decidimos esperar un días y ver qué pasaba, la risita escondida en su respuesta, sólo me hacía estar más alerta, más alterada. Pero yo desconocía lo que me esperaba esa misma tarde en uno de los baños de mi casa.
Agua a la vista. 
Otra vez.








Ahora el arroyo había abierto un nuevo camino por debajo del inodoro. ¿Por qué este comportamiento impredecible? ¿Qué hace insistente mostrando su derrame? No puedo abrazarlo, tampoco contenerlo, sólo llamar al palo, al trapo, al balde y al secador. Así lo hice al menos tres veces al día aquel día, y los siguientes con un mal humor desesperado. 

Mi casa queda en la localidad de Ingeniero Maschwitz, a unos 40 kms de la ciudad de Buenos Aires, en un barrio de quintas poblado de árboles, algunos vecinos y muchas pero muchas hormigas workaholics empecinadas en apoderarse del mundo. Tendrá unos veinte años, pero vivo en ella hace seis; puede decirse que es una casa vieja, y que a las casas les pasan cosas, que necesitan mantenimiento, que son rachas dirán otros. Que cada tanto aparece el efecto dominó que las voltea en un sin fin de problemas acarreados por el estrés habitacional.  

Agua que estas cerca mío 
dime que te pasa
¿Por qué te pareces al rocío?

Las lágrimas del vértice de la casa volvieron, pero esta vez con mayor caudal, el inodoro del baño siguió navegando en su arroyo; para darle más dramatismo al asunto, la bacha de la cocina detuvo el paso de agua dejando a la pileta llena sin poder correr. Los frentes se mezclaban, mi propia energía hervía por dentro hasta convertirse en sudor, no estaba sola. Una banda de música sonaba en el baño que está en mi cuarto, dándole paso al solo de gotitas del grifo de la ducha que entonaban a un pulso perfecto. La invasión acuática desató la fiebre: en una semana, mis tres hijos cayeron uno por uno en 39 grados, brotando de sus cuerpitos. 
Alguien tenía que parar este vendaval. Me sentí en medio de una guerra líquida comandada por las aguas que me rodeaban.  Y entonces aparecieron más preguntas: 
¿Será la ebullición de mis miedos, que a veces no puedo con todo? ¿Yo misma la estaré enfermando? ¿Se sentirá angustiada por la reciente separación de sus dueños y ahora sólo quiere que yo también me vaya? Pero eso fue hace tres años. 
¿Estaré enloqueciendo?
Demasiadas preguntas y una riada por delante. 
Por suerte soy madre en tiempos de google y necesito encontrar respuestas, no importa cuántas, no importan cuáles. Estoy hecha de teorías y suposiciones, de acuerdos mentales para sentirme segura. Les doy vida al pronunciarlos y también al negarlos. Susurran un problema escondido en el agua que no puedo ver. Hasta ahora. 

Según Nikola Tesla, el inventor de la radio: “Si quieres encontrar los secretos del Universo, piensa en términos de energía, frecuencia y vibración”. ¿Pero puede el agua modificar su estructura o comportamiento frente a las energías de su entorno?

Leonardo Da Vinci en su cuadernos de notas escribió: 
El agua es el conductor de la naturaleza. (...) Es la expansión y el humor de todos los cuerpos vivos. Sin ella nada retiene su forma. Con su flujo une y aumenta los cuerpos. (…) Podría decirse que su naturaleza es tan diversa y cambiante como diferentes son los lugares por donde pasa. (…) Sin ella no podría existir nada entre nosotros. 


Mi casa ya había presentado antecedentes. En octubre del año pasado había decidido alquilarla durante el verano y alojarme con mis padres en Corrientes; de esa manera podría darle fin a mi primera novela, hacer de hija y que mis hijos tuvieran a sus abuelos cerca. Para eso debía encarar algunos arreglos para dejarla en condiciones.  Pero todos sabemos que una mancha de humedad, no se resuelve con pinceladas de pintura, la cosa volverá a descascararse hasta romperse, y que tampoco los agujeros de un piso pueden esconderse tras kilómetros de alfombra. Tenía un elefante en mi habitación, o más bien un campo de baches rotos en el piso del baño, el vestidor y mi cuarto. Pedacitos de agujeros abriéndose a mi andar. Era un piso relativamente nuevo. ¿Cómo podía seguir descascarándose el microcemento, si mi cuarto lo que menos tiene es alto tránsito? Algo más que yo desconocía, estaba sucediendo.
A esta casa nos mudamos cuando mi hija más chica había cumplido los dos años, en el año 2018. Era lúgubre y se veía bastante descuidada, llena de telarañas, polvo incrustado y una tristeza que te abrazaba apenas entrabas; la reconocí en el aire cuando la visitamos por primera vez. No me había parecido una buena señal, pero tenía “mucho potencial”, esa característica futurista que le gusta usar a los vendedores de casas que agonizan. En ella vivían el olor a pucho de una mujer separada, sus dos hijas adolescentes casi obesas, mucha reja de hierro oxidada y una pileta parecida al caldo verde de esas sopas instantáneas que venden en el súper. Al parecer el matrimonio había terminado muy mal, él se fue y ella hizo lo que pudo. Lo de siempre. No fue de las casas que vimos la que más me gustó, de hecho creo que fue la que menos me gustó, pero  mi ex marido ya estaba cansado de que lo llevara a mirar casas de la zona, se nos iba la posibilidad de conseguir un crédito y nos quedaba muy cerca de donde alquilábamos. Varias razones que trajeron solución inmediata a la compra. 
Antes de la mudanza, la reformamos durante cuatros meses, en que cambiamos ventanas, puertas, el sistema de calefacción, piso y unas cuantas latas de pintura para lavarla por dentro y por fuera. Con más razón me parecía una locura que en pocos años las grietas se convirtieran en pozos en los que todos parecíamos estar jugando al piso es lava mientras los esquivamos. 
Fue entonces que decidí terminar con el juego, porque si el problema estaba en lo más profundo, en sus raíces, debía ir hasta el fondo de la historia, reparar el daño, sellar de una vez por todas las heridas que brotaban como charcos a mi paso. 
Los plomeros descubrieron que el desagüe de la bañera no estaba unido al otro caño que conduce a la calle. Ese caño con litros de agua, pelos, enojos, alegrías, piojos y espuma, tenían un sólo contenedor: la tierra debajo de mi habitación. No había carpeta, no había arena, sí una laguna subterránea. A partir de ese momento, miré ese acontecimiento, como un mensaje del Universo, el que una vez más, vino a tocarme la puerta. 
Si los seres humanos somos 75 % agua, no hay nada malo en pensar que el agua que nos rodea reacciona a nuestros fluidos y emociones. Es conductor de energía, limpia, sana. Inclusive existen teorías por parte de estudiosos del tema. Para el autor japonés Masaru Emoto (22 de julio de 1943 - Yokohama, Japón.17 de octubre de 2014): las emociones y las intenciones humanas podrían influir en la estructura molecular del agua. Según sus afirmaciones documentadas en el film El secreto del agua ( 2015): el agua tiene memoria. Cómo nos sentimos, cómo actuamos, cómo procesamos nuestras emociones, tendría un impacto sobre el agua de nuestro cuerpo y sobre el agua de todo el mundo. Ignoro si esto tiene algún respaldo científico, y hasta esta altura, tampoco me interesa demasiado esa comprobación.
Por supuesto existe escepticismo alrededor del tema y sus afirmaciones están consideradas como pseudocientíficas. En el documental, Emoto expone tres frascos de agua con arroz a los que les habla de manera diferente: el primero al que le envío amor y sentimientos positivos fermenta naturalmente, el segundo el que es ignorado se vuelve oscuro e intenso, mientras que el último, el que fue expuesto a sentimientos negativos se puso verde, podrido como la comida que se nos olvida en la cocina. 
Por mi parte, a mi modo de ver el tema, soy de las que se aferra a la creencia popular de que si se coloca un vaso debajo de la cama, y amanece con muchas burbujas, la habitación presenta vibras negativas. Soy de las que piensa que el amor aumenta increíblemente la energía y la armonía de todo lo que nos rodea. Tampoco tengo evidencia científica para esto, pero sí la constatación empírica de que cuándo algo cambia en mis pensamientos, todo empieza a fluir diferente.

jueves, 20 de octubre de 2016

Viajar sin los hijos...difícil, pero posible

Viajar sin los hijos, una experiencia que hay q hacer ( al menos ) una vez en la vida

Yo lo hice, con miedos y mucha culpa, pero lo hice y lo recomiendo. También viajar sola, sin marido e hijos. 
Peroooo… ¿Qué daiquiri estoy tomando?¿ El desayuno me pegó fuerte?
Todo aquel que me conoce sabe que soy de esas madres que se va una mañana y ya está extrañando su casa. Ni siquiera tengo un día fijo para salir con mis amigas. Los  jueves lo  tiene copado él con su fútbol y asado con los “padres waldorf”. Los viernes y sábados trabaja por las noches, así que estoy listísima. Para mi no existe mucha oportunidad de salir de casa sin mis hijos. Excepto por la media horita por mes que me voy a depilar, al curso de tapicería que voy cada tanto, o los ratitos que me escapo para ir a la verdulería porque no hay nada para comer y dejo a los niños con la chica que trabaja en casa. ( Vieron que antes se le decía mucama, parece que ahora suena re oligarca, entonces le decimos la Señora que trabaja en casa, largo pero más humano… ponele )
Hace unos meses cuando mi compañero en cuestión me planteó la idea de tomarnos unas vacaciones juntos SIN los chicos, pensé que era uno de esos chistes que él tira en el teatro, una burla a mi investidura de madre. Como se le ocurre decirme una cosa así, pensé para adentro. ¿Acaso no me conoce? ¿Ellos no se merecen unas vacaciones en familia? Desapegado y egoísta, mal padre. Somos un bloque, todos para uno y uno para todos…hasta para las vacaciones querido!!
Claro, recordé ( va nunca me olvidé) que el año pasado el señorito ya había viajado solo, una semanita a Nueva York, mientras  yo todavía daba la teta a demanda y me despertaba cinco veces por noche.
Pero bueno esta vez por lo menos me había incluido en sus planes. El destino de por si sonaba encantador. California, Costa Oeste de Estados Unidos, el destino perfecto para sacarse el mameluco de madre:  hippies, historia, cultura, rock, mucho sol, noches, playas,  tragos, marihuana medicinal free, todo sonaba hermoso y liberador.
Así que acepte haciéndome la canchera, la que estaba capacitada para enfrentar el mundo adulto otra vez. ..era la época en que había vuelto a cenar con amigas,  en que empecé a escribir mis desventuras y enojos en este blog, inclusive me convertí en  administradora de una grupo de whatsapp de mamis del jardín que se llamaba “ Los miércoles no me jodan”…si le puse ese nombre. Harta de no tener una noche libre para mi como les conté anteriormente.
Audaz, intrépida, muñeca brava… Error!!
Más bien una ilusa que se creyó lista para la aventura …
Nunca hubiese imaginado que  pocas semanas después estaría sentada en el inodoro mirando atónita como dos rayitas juntas cambiarían mi destino AGAIN.  Si embarazada por tercera vez!
Mi vida continuó como continúan los primeros tres de meses de embarazo, mucho sueño, náuseas, estupor, angustia y felicidad al mismo tiempo, con el cansancio que supone criar  dos hijos más por supuesto.
Hasta que se acercó la fecha de las vacaciones. Hellooo!!! Ya no era la que había salido del puerperio a punto de conseguirme un amante virtual.
Era una hembra preñada abandonando el nido, así de biológico y desgarrador. No quería viajar, por suerte estaba entrando al cuarto mes y los malestares habían desaparecido. Cómo pude tomar una decisión tan cruel pensaba. Tenía pesadillas tremendas, veía a mis hijos y lloraba, sentía toda la culpa del mundo por dejarlos. También me peleé con mi mamá “para que no viniera” a quedarse con los chicos. así de paso me boicoteaba el viaje y echaba la culpa a otro de no poder viajar.
Días previos al viaje consulté con una psicóloga, no voy a terapia, pero crazy total o no,  fui una semana antes de viajar, buscando no se que respuesta. Lloré la hora y media que duró la sesión…Ella más entera que yo, no me forjó a tomar un camino, pero si a escuchar lo que me pasaba. Estaba histérica, me peleé con el padre egoísta obvio…el causante de todos mis problemas, embarazosos y liberales…
Pero enfrenté mis miedos y pude viajar.
Con la decisión tomada compré regalos sorpresas para mis hijos por doquier, golosinas a rolete, fui a la farmacia, al supermercado mayorista y al mercado de frutas y verduras para que tengan  provisiones como para dos años ( por si me pasaba algo)  Dejé calendario con sus actividades y una lista de amigos y todas las guardias y médicos cercanos.
Así llegué al momento de dejar mi casa con valijas y sin mis hijos. La secuencia más oscura y dramática que había imaginado jamás. No pensaba que me estaba yendo de vacaciones a un lugar divino, de “novia” y  sin niños que me reclamen las 24 hs. del día. ¡Yo estaba dejando el hogar!
Las horas posteriores fueron el drama mismo, por suerte el que hasta ahora era el mal padre egoísta se fue transformando en aquel hombre del que me había enamorado ocho años atrás.  Me dijo las palabras justas camino al aeropuerto que calmaron toda mi  angustia. 
“Soy yo, el mismo con el que te escapabas ese verano a Mar del  Plata” . Solo eso basto para relajarme y empezar a disfrutar de nuestro primer viaje en pareja sin nuestros hijos.
Mi última lágrima la derrame cuando subí al avión, de fondo sonaba una música country bien melanco…Uf tremendo…Después de ahí el paisaje, todos los días de sol y el gran productor que tengo en casa ( léase mi compañero que le encanta planear viajes)  armaron las vacaciones soñadas, así de cliché como les cuento.
La panza igual le bajó puntos al asunto de la culpa.  “Un hijo al menos me llevaba encima”  
Loca si…
Resumen del mis días en California:
Me caminé la vida, anduve en bicicleta, me metí al mar, dormí las horas que quise,  no tuve que cocinar ni lavar platos durante 9 días, comí riquísimo! No me prive de nada…bueno si  de las 550 variedades de cervezas que hay en las góndolas yanquis. Eso si, lo lamenté, hasta foto le saqué... Con Diego fue todo amor y reencuentro. Nos divertimos mucho juntos como hacía tiempo no sucedía. Fue una gran babymoon como dicen en Estados Unidos. Mis hijos estuvieron genial, pasaron unas hermosas vacaciones con su abuela de Corrientes, fueron mimados y malcriados a más no poder, como debe ser.
 “Mamá la abuela es muy buena,  todos los días nos pone un poquitito poquito de tele” “ Hasta cenamos en el sillón mirando una peli!” ( Sin comentarios)
El viaje lo disfruté, pero también los extrañe horrores. Habíamos instalado una camarita en el living de casa para poder “espiarlos” un poco cuando queríamos ( no voy a  contarles la cantidad de veces que pedí mirar esa aplicación del teléfono donde se ve la camarita porque doy vergüenza) (Tampoco lo que  sufrí desde que subí al avión de regreso hasta que entré a mi casa; todas las tragedias se me cruzaban por la mente) Necesitaba llegar y llegué. Sana y salva. Hoy se cumple un mes de mi viaje, y la vida ha vuelto a la normalidad. Creo que fue más el tiempo en que me hice problemas en viajar, de lo que estuve allá. Por eso les digo, para terminar, háganle caso a Pipo Pescador  y grábenselo  “El viajar es un placer, que nos puede suceder”.


El dato:
Si van a San Francisco: NO lo hagan embarazada y con várices.  Es la anti ciudad de las mujeres preñadas. Dios! las cantidad de calles empinadas. Imposible!
Alquilar bicis tandem para que su pareja maneje adelante y la gorda  ( en mi caso) vaya atrás grabando la travesía y mirando muchachitos ultra bronceados.
Alquilar un auto y bajar por la ruta 1 desde San Francisco hasta Los Ángeles! La ruta más espectacular del mundo!

Y por supuesto como me dijo mi hermana hace unos días (que justamente vino de viaje sola a Buenos Aires): “Hacer uso de nuestra libertad como madres y mujeres que somos”…

miércoles, 5 de octubre de 2016

¿Y si nos educamos todos ?

Cuando salí del secundario no sabía muy bien  qué hacer, por aquel entonces, hacer teatro, música o acrobacia en grupo de baile al que iba me alcanzaba. Pero “tenía que estudiar algo”. En Corrientes, provincia tradicional si las hay, no eran muchas las opciones. Así arranqué con Comunicación Social - por descarte- y a los pocos meses empecé a trabajar para un programa en la televisión local de Corrientes. Después de la crisis del 2001 me mude a Buenos Aires, en febrero de 2002. Desquiciada total, tenía 21 años y estaba enamorada de un sr veinte años mas que yo…
No me importaba nada, no tenía mucha plata ahorrada, tampoco era que el sr en cuestión me iba a abrir la puerta de su casa de familia ( claro si el muy turro tenía una esposa y una hija a la que iba a abandonar algún día…después abandono a dos mas, pero esa es otra historia, el abandonico e infiel no cambia) …A esa edad y sin hijos,  tu mirada sobre los hijos y la vida es otra.

Y así me fui de mi casa sin saber muy bien que hacer. Le dije a mi mamá “ vuelvo a buscar mis cosas”…pobre ni siquiera le di tiempo para que me puteara. Atravesé la puerta y me vine a la “gran ciudad”.  Primero caí en la casa de una tía, hasta que mi madre hizo de las suyas y terminé a las pocas semanas alquilándole un cuarto a una señora de 75 años viuda con dos perros y un canario en Recoleta. Polémicas enseñanzas me dejó esa mujer ( a los hombres querida siempre hay que sacarle algo )
Por suerte trabajé siempre de lo mismo. Primero en una agencia de noticias, después en un diario,  hasta llegar a la tele, donde pasé varios años.
A los 27 no me podía quejar, trabajaba como productora y cronista en dos programas de espectáculos y era corresponsal para un programa de chimentos en Chile , ya había dejado a la viuda paqueta de Recoleta y había llegado a tener mi dpto. sola en “Palermo Hollywood”;  esa era mi prioridad. 
Las noches - obvio - eran muy lejanas a las de hora…  
Ellas tenían el sabor al mejor vino - el que ligaba en algunas citas -, a la comida preparada ( la del catering de los eventos que iba cubrir de lunes a viernes) ( también  la del chino a domicilio, un clásico de los domingos a las 2 de la tarde de resaca )  Tenía “amigos”  de todos los gustos y colores,  y mis fines de semana  tenían el olor inolvidable de aquellos bares rockeros y ruidosos donde amanecía.
Por supuesto,  no pensaba  en una vida con hijos, no tenía una pareja estable, no soñaba con el casamiento de blanco, bailar el vals  y mucho menos con la futura escolaridad de esos inimaginables hijos.
Pero todo en la vida en algún momento llega, así como los piojos y después  las canas.
Un día ese momento  llegó… No el de vestirme de blanco ni bailar el vals, gracias al cielo, si no el : “Día de  Elegir la Escuela Primaria para mi primera hija” 
SI SUBRAYADO!!
Y lo primero que pienso y se me viene a la mente es:  LA PUTA MADREEEE…
Después: Quiero tener 27 años como Amy Winehouse antes de su coma alcohólico.. que inmadurez pensarán Uds...NO lo es. Al contrario, se trata de una decisión muy pensada, al menos para mi; un padre siente que pone en juego la vida de su hijo,  el futuro de ese niño que hasta hace un par de años ni siquiera caminaba y hoy queres que pase 9 horas por día en la escuela ( no es mi caso )
¿Cómo puede ser tan difícil?? Y si… después de ver a chicos alterados  por el exceso de tecnología, mal alimentados,  e infelices por pasar mil horas en la escuela; te haces varias preguntas. Después de ver a los adolescentes que tenés a mano, desmotivados , aburridos  y con los dedos pegados al teléfono te respondes: SEGURO QUE A ESA ESCUELA NO LO VOY A MANDAR.
También y esto es fundamental:  la cantidad de padres pelotudos que te vas a encontrar . .. en el caso de que los padres aparezcan por la escuela claro.
La cuestión social es casi el 80 por ciento de la razón de ser de la escuela primaria.
No es  joda, a saber: adaptación, cumpleaños, fiestas del calendario, reuniones de padres, la puerta de la escuela, los pools.

Párrafo aparte para el pool: para mi el pool era otra cosa señores  ( leáse tomar cerveza, soplar el taco  y tirarme arriba de una mesa  lo más sexy posible y que las bolas sonaran ) Si me vieran ahora, cargando niños  a lo pavote de una lado a otro escuchando discos de canciones infantiles y bañada de migas y sobras de comida.

Lo bueno es poder encontrar un buen grupo de padres que busquen esa misma educación, hoy creo que eso es posible, solo hay que saber lo que NO queremos para nuestro hijos, y después la vida hace lo suyo. En el jardín, no sólo mi hija hizo amigos, yo también. Conocí un grupo de mujeres que son mi contención, somos una comunidad que nos acompañamos, nos escuchamos y que a su vez crecemos  a la  par de nuestros hijos.

Pero a veces cuando salgo de mi burbuja Maschwitzsense me indigno al escuchar cosas tales como:  
“Clave los dos a doble turno” Aja de que está hablando?
Si de sus hijos uno de 6 y otro de 4 años.
Pongamos sobre la mesa esta frase que expresa el padre en cuestión.
Nos sacamos el “temita”  de encima y se lo dejamos a la escuela, que creemos que al pagar más, mejores responsables del futuro de nuestros hijos son.
Querido tu hijo se levanta a las 6 de la mañana, lo llevas a la escuela, ( en el caso de que no pase el colectivo naranja lleno de niños semizombies con la nariz pegada a la ventana) lo dejas ahí todo el día, no sabes que almuerza,  escucha maestros uno tras otro hasta las 5 de la tarde, se lleva tarea a la casa, adonde vuelve desfigurado después de pasar 10 horas en el escuela…y lo peor de todo es que ese niño no tuvo oportunidad para el juego. Tarea si fundamental de todo niño.
Hoy las escuelas promueven hasta el hartazgo la excelencia, dándole contenidos que no respetan el ritmo de cada niño. Le muestran una abeja en pantalla gigante a un nene de 3 años en vez de llevarlo a la plaza. Le ponen un video de Frozen en la biblioteca un día de lluvia, en vez de leerles un libro por ejemplo, etc etc.

El tema me enoja y mucho,  pero por suerte pude transformar ese enojo en algo positivo. Pude encontrar una alternativa que lejos está de desligarse de la educación de nuestros hijos. Todo lo contrario, un camino muy largo, complejo y a la vez hermoso donde los padres somos los responsables directos junto con los maestros de la enseñanza de esos niños.
Así llegué a la pedagogía Waldorf, un sistema educativo creado por el filósofo Rudolf Steneir  a principios del siglo XX, que tiene en cuenta la individualidad del niño en todos sus aspectos. Hay mucho por contar a cerca de este tipo de educación, pero no seré yo la que resuma en pocas palabras años de educación.
Lo que puedo decir desde mi lugar de mamá es que encontré esa alternativa y el lugar adonde la infancia de mis hijos es respetada y cuidada como un tesoro.

En fin este tema da para mucho mas, hay un par de links que les dejo sobre la educación en Finlandia y en España. Ambos para reflexionar que estamos haciendo con la educación y la crianza de nuestros hijos.
Y otro a cerca de la educación Waldorf, un camino de ida… no sólo para nuestros hijos, si no para nosotros como padres y educadores.