Viajar
sin los hijos, una experiencia que hay q hacer ( al menos ) una vez en la vida
Yo
lo hice, con miedos y mucha culpa, pero lo hice y lo recomiendo. También viajar
sola, sin marido e hijos.
Peroooo…
¿Qué daiquiri estoy tomando?¿ El desayuno me pegó fuerte?
Todo
aquel que me conoce sabe que soy de esas madres que se va una mañana y ya está
extrañando su casa. Ni siquiera tengo un día fijo para salir con mis amigas.
Los jueves lo tiene copado él con su fútbol y asado con los
“padres waldorf”. Los viernes y sábados trabaja por las noches, así que estoy
listísima. Para mi no existe mucha oportunidad de salir de casa sin mis hijos.
Excepto por la media horita por mes que me voy a depilar, al curso de tapicería
que voy cada tanto, o los ratitos que me escapo para ir a la
verdulería porque no hay nada para comer y dejo a los niños con la chica que
trabaja en casa. ( Vieron que antes se le decía mucama, parece que ahora suena re
oligarca, entonces le decimos la Señora que trabaja en casa, largo pero más
humano… ponele )
Hace
unos meses cuando mi compañero en cuestión me planteó la idea de tomarnos unas
vacaciones juntos SIN los chicos, pensé que era uno de esos chistes que él tira
en el teatro, una burla a mi investidura de madre. Como se le ocurre decirme
una cosa así, pensé para adentro. ¿Acaso no me conoce? ¿Ellos no se merecen unas
vacaciones en familia? Desapegado y egoísta, mal padre. Somos un bloque, todos
para uno y uno para todos…hasta para las vacaciones querido!!
Claro,
recordé ( va nunca me olvidé) que el año pasado el señorito ya había viajado
solo, una semanita a Nueva York, mientras
yo todavía daba la teta a demanda y me despertaba cinco veces por noche.
Pero
bueno esta vez por lo menos me había incluido en sus planes. El destino de por
si sonaba encantador. California, Costa Oeste de Estados Unidos, el destino perfecto
para sacarse el mameluco de madre: hippies,
historia, cultura, rock, mucho sol, noches, playas, tragos, marihuana medicinal free, todo sonaba
hermoso y liberador.
Así
que acepte haciéndome la canchera, la que estaba capacitada para enfrentar el
mundo adulto otra vez. ..era la época en que había vuelto a cenar con amigas, en que empecé a escribir mis desventuras y
enojos en este blog, inclusive me convertí en
administradora de una grupo de whatsapp de mamis del jardín que se
llamaba “ Los miércoles no me jodan”…si le puse ese nombre. Harta de no tener una
noche libre para mi como les conté anteriormente.
Audaz,
intrépida, muñeca brava… Error!!
Más
bien una ilusa que se creyó lista para la aventura …
Nunca
hubiese imaginado que pocas semanas
después estaría sentada en el inodoro mirando atónita como dos rayitas juntas
cambiarían mi destino AGAIN. Si
embarazada por tercera vez!
Mi vida
continuó como continúan los primeros tres de meses de embarazo, mucho sueño,
náuseas, estupor, angustia y felicidad al mismo tiempo, con el cansancio que
supone criar dos hijos más por supuesto.
Hasta
que se acercó la fecha de las vacaciones. Hellooo!!! Ya no era la que había
salido del puerperio a punto de conseguirme un amante virtual.
Era una
hembra preñada abandonando el nido, así de biológico y desgarrador. No quería
viajar, por suerte estaba entrando al cuarto mes y los malestares habían
desaparecido. Cómo pude tomar una decisión tan cruel pensaba. Tenía pesadillas
tremendas, veía a mis hijos y lloraba, sentía toda la culpa del mundo por
dejarlos. También me peleé con mi mamá “para que no viniera” a quedarse con los
chicos. así de paso me boicoteaba el viaje y echaba la culpa a otro de no poder
viajar.
Días
previos al viaje consulté con una psicóloga, no voy a terapia, pero crazy total
o no, fui una semana antes de viajar, buscando
no se que respuesta. Lloré la hora y media que duró la sesión…Ella más entera
que yo, no me forjó a tomar un camino, pero si a escuchar lo que me pasaba. Estaba
histérica, me peleé con el padre egoísta obvio…el causante de todos mis
problemas, embarazosos y liberales…
Pero
enfrenté mis miedos y pude viajar.
Con
la decisión tomada compré regalos sorpresas para mis hijos por doquier,
golosinas a rolete, fui a la farmacia, al supermercado mayorista y al mercado
de frutas y verduras para que tengan provisiones
como para dos años ( por si me pasaba algo) Dejé calendario con sus actividades y una
lista de amigos y todas las guardias y médicos cercanos.
Así
llegué al momento de dejar mi casa con valijas y sin mis hijos. La secuencia
más oscura y dramática que había imaginado jamás. No pensaba que me estaba
yendo de vacaciones a un lugar divino, de “novia” y sin niños que me reclamen las 24 hs. del día.
¡Yo estaba dejando el hogar!
Las
horas posteriores fueron el drama mismo, por suerte el que hasta ahora era el
mal padre egoísta se fue transformando en aquel hombre del que me había
enamorado ocho años atrás. Me dijo las
palabras justas camino al aeropuerto que calmaron toda mi angustia.
“Soy
yo, el mismo con el que te escapabas ese verano a Mar del Plata” . Solo eso basto para relajarme y
empezar a disfrutar de nuestro primer viaje en pareja sin nuestros hijos.
Mi
última lágrima la derrame cuando subí al avión, de fondo sonaba una música
country bien melanco…Uf tremendo…Después de ahí el paisaje, todos los días de
sol y el gran productor que tengo en casa ( léase mi compañero que le encanta
planear viajes) armaron las vacaciones
soñadas, así de cliché como les cuento.
La
panza igual le bajó puntos al asunto de la culpa.
“Un hijo al menos me llevaba encima”
Loca si…
Resumen del mis días en California:
Me
caminé la vida, anduve en bicicleta, me metí al mar, dormí las horas que quise,
no tuve que cocinar ni lavar platos
durante 9 días, comí riquísimo! No me prive de nada…bueno si de las 550 variedades de cervezas que hay en
las góndolas yanquis. Eso si, lo lamenté, hasta foto le saqué... Con Diego
fue todo amor y reencuentro. Nos divertimos mucho juntos como hacía tiempo no
sucedía. Fue una gran babymoon como dicen en Estados Unidos. Mis hijos
estuvieron genial, pasaron unas hermosas vacaciones con su abuela de
Corrientes, fueron mimados y malcriados a más no poder, como debe ser.
“Mamá la abuela es muy buena, todos los días nos pone un poquitito poquito
de tele” “ Hasta cenamos en el sillón mirando una peli!” ( Sin comentarios)
El
viaje lo disfruté, pero también los extrañe horrores. Habíamos instalado una
camarita en el living de casa para poder “espiarlos” un poco cuando queríamos (
no voy a contarles la cantidad de veces
que pedí mirar esa aplicación del teléfono donde se ve la camarita porque doy
vergüenza) (Tampoco lo que sufrí desde
que subí al avión de regreso hasta que entré a mi casa; todas las tragedias se
me cruzaban por la mente) Necesitaba llegar y llegué. Sana y salva. Hoy se
cumple un mes de mi viaje, y la vida ha vuelto a la normalidad. Creo que fue
más el tiempo en que me hice problemas en viajar, de lo que estuve allá. Por
eso les digo, para terminar, háganle caso a Pipo Pescador y grábenselo
“El viajar es un placer, que nos
puede suceder”.
El dato:
Si
van a San Francisco: NO lo hagan embarazada y con várices. Es la anti ciudad de las mujeres preñadas.
Dios! las cantidad de calles empinadas. Imposible!
Alquilar
bicis tandem para que su pareja maneje adelante y la gorda ( en mi caso) vaya atrás grabando la travesía
y mirando muchachitos ultra bronceados.
Alquilar
un auto y bajar por la ruta 1 desde San Francisco hasta Los Ángeles! La ruta
más espectacular del mundo!
Y
por supuesto como me dijo mi hermana hace unos días (que justamente vino de
viaje sola a Buenos Aires): “Hacer uso
de nuestra libertad como madres y mujeres que somos”…